miércoles, enero 09, 2008

PILAS CON EL CAMPO. A proposito de los situacion del campesinado en Colombia

Por: CÉSAR RUIZ

Me preocupa cada vez más observar la realidad del campo en Colombia y no solo por las cifras y algunos textos que puedo ver cada vez que me acerco al periódico o a la televisión sino después de apreciar con mis propios ojos una vez más la precaria situación de los campesinos de nuestro país. Mientras toda la prensa se lanza como una manada de lobos famélicos y amarillistas sobre las pruebas de ADN de Emmanuel, se observan las fotos de Ingrid, se empieza a hablar del torneo de fútbol colombiano y las rimbombantes contrataciones de algunos equipos, se deja como siempre de lado toda esa serie de problemas estructurales que cada vez van erosionando más la situación social de nuestro país. En este caso hablare del campo.

Tuve la oportunidad de viajar al Departamento de Boyacá, más concretamente a la población de Jenesano, de allí como centro de operaciones visité otras como Tibaná y Ramiriquí, también conté con la posibilidad de sumergirme en alguna finca pequeña donde los campesinos hacen verdaderos milagros para sobrevivir en medio de una gran carencia material y realmente muy poco apoyo de las entidades gubernamentales municipales, departamentales y nacionales. Personas que se mueven en medio de una economía de subsistencia con el ensombrecedor panorama del campesinado colombiano que esta envejeciendo aceleradamente porque las nuevas generaciones migran a la ciudad en busca de nuevas oportunidades, algo que no se puede juzgar ya que ellos tienen todo el derecho de buscar una mejora en su calidad de vida.

Es lógico que la ciudad se abarrote cada día con nuevos habitantes provenientes de las zonas rurales ya que en el campo la posibilidad de superación personal es realmente pobre y esto tan solo manifiesta nuestra idiosincrasia. Estamos dispuestos a asistir a la muerte del campesinado colombiano y no propiamente porque se cumplan las profecías Marxistas sino porque estamos en un escenario de absoluta indiferencia. Es increíble ver e incluso palpar las manos con extremas callosidades de hombres y mujeres que proveen el sustento diario de millones de habitantes en las urbes y peor aún ver como desde la tierra hasta la mesa los alimentos pasan por una cadena de comercialización abusiva donde todos ganan una gran tajada y el que se come las boronas de la torta es el campesino cuando el debería ser quien en primera instancia se jactara con el pastel que el mismo produce.

Observé porque no me di mañas de hacerlo como se extrae la papa, como un azadón (que podría sacar ampollas en segundos a las manos habituadas tan solo a los teclados o a muchos trabajas que no requieren este descomunal esfuerzo físico) abre la tierra como Moisés el Mar Rojo para dar ese tubérculo maravilloso que colma nuestra hambre en múltiples formas, para sacar un bulto se requiere de cantidades de trabajo que en realidad solo los valientes campesinos desempeñan. Creo que en Colombia existen los héroes, definitivamente, pero no los de las campañas institucionales que promueven tan solo al ejercito en medio de la denominada seguridad democrática, los verdaderos héroes son los campesinos que cada mañana labran el campo, ordeñan las vacas, se arrodillan o se acurrucan para recoger arvejas, calabazas, ahuyamas, frambuesas, lulos, yucas, arracachas o se suben a los árboles a bajar esas deliciosas frutas que calman nuestra sed y que sirven además para mantener nuestra salud.

Infortunadamente muy pocas personas se dan cuenta de la deuda endémica que Colombia tiene con sus campesinos y no pugnamos porque ellos principalmente tengan acceso a un sistema de salud adecuado a sus necesidades, a servicios públicos de calidad, energía eléctrica y agua en realidad potable, se necesita darles acceso a la diversión y esparcimiento permanentes y acceso a la educación con vistas a la tecnificación real de su trabajo para que ellos también ganen y no solo lo hagan los grandes terratenientes que hacen dinero a costa de jornaleros necesitados. Alguien especial me recordó: “la necesidad tiene cara de perro”, pero es dificil concebir que las personas que trabajan extrayendo los alimentos de las prolíficas tierras colombianas mientras nosotros dormimos placidamente en las madrugadas se enfermen y los colombianos observemos su desaparición con indiferencia sin percibir el gran daño que nos estamos haciendo como país y el grave riesgo que corre cada vez más nuestra soberanía alimentaría por este fenómeno. Por ahora nuestros mandatarios solo se fijan y empeñan en el TLC para maximizar el monocultivo enriqueciendo a algunos en detrimento de muchos y mirando como importan cochinitos de la capital mundial de los cerdos. Recordemos que en Estados Unidos en navidad consumen pavo y por eso nos quieren entregar sus marranitos, entre otros entuertos.

No olvidemos el campo, esa reserva maravillosa que nos hace potencia mundial, echémosle un vistazo a esos maravillosos lugares de donde provienen esos deliciosos manjares que solo se ven en Colombia, a nuestras fuentes de agua, a la gran sabiduría que poseen esos seres maravillosos que tienen la ademas sensibilidad que les produce la madre tierra.

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