A continuación una de mis creaciones favoritas
Una cerveza más pidió el hombre, sus ojos sumergidos en la nada, su rostro desencajado, su saliva desprendiéndose de su boca en forma de una baba deforme dispuesta a abandonar la cárcel opresora de su boca. El barman escuchó su difusa petición, eran muchas las cervezas que había llevado a la mesa que mostraba los envases vacíos en explosión demográfica sobre la tabla, además de un cenicero atiborrado de colillas mostrando una negación de la vida.
La bebida llego a la mesa traída por una mano indiferente sucedánea del colmillo de una serpiente que posee veneno. Frente a el ahora su espumeante amiga, hipócrita compañera de penas, como mucha gente oculta tras un envase oscuro. La tomó en su mano, le arrancó la etiqueta y llevó la botella a su boca para repeler la salida de su baba y buscando con su licor guillotinar sus ideas y ahogar sus lamentos, dió un sorbo grande como su inconciencia. Sus pensamientos en gigante y deforme tejido se enredaban aun más en su cabeza producto del alcohol. No recordaba cuanto había tomado, de hecho no recordaba nada, sus ojos deambulaban por el espectro oscuro del lugar que proveía formas difusas y sonidos confusos. Bebió un poco más, un último sorbo febril, posteriormente llamó al mesero balbuceando y canceló su cuenta.
Encendió un cigarrillo más esta vez sin filtro, dio una bocanada, dardo de humo maldito que se incrustaba en sus pulmones, se mezclaba con su sangre e irrigaba su organismo. Decidió salir del lugar estrellándose con cada mesa, cada silla y cada persona que se ponía en su camino. Atravesó la puerta y el aire frío se apodero de su cuerpo, ya afuera se sintió más mareado, dió un hálito más de cigarro y se acerco a su moto para subir a horcajadas, la encendió y luego arrancó. Su vista perdida le impedía saber que dirección tomar, aceleró aún sin saber el camino a seguir, vehemente atravesó algunas calles sin advertir las señales de precaución de tal manera que no vió el taxi que aparecía a una velocidad similar.
El choque fue siniestro y mostró su cuerpo elevándose por el aire como un muñeco de trapo tirado por un niño durante el juego, se configuró la danza de la muerte cuando una lamina se desprendió de su motocicleta y como una flecha atravesó su pecho abriendo sin mesura su caja toráxica. Un estallido de sangre que salpicó el vacío para caer al suelo pesadamente manchándolo con tintes escarlatas.
Su vista continuaba desencajada y en sus pupilas se reflejaba la luna llena. Cerró los ojos mientras que su alma vivía una extraña mutación, esa luna que se posaba sobre él fue la única presente en el momento de la transformación; paulatinamente su corazón se convirtió en un murciélago, la arteria pulmonar y la aorta convertidas en alas membranosas y salio de su pecho para emprender vuelo, desapareciendo en la penumbra para buscar ultrasonidos en la nada mientras el cuerpo inerte se aferraba al frío asfalto.